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jueves, 31 de marzo de 2016

Ameniza tus sermones con estas ilustraciones: Predica eficazmente!!!

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 2Timoteo 4:1-2
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Ilustraciones para Usar en la predicación
Estas ilustraciones podrás usarlas en tus predicaciones para hacerla más interesante y amena. El tema es la existencia de Dios













martes, 22 de marzo de 2016

Para que no degrademos la predicación al mero arte de la elocuencia, nunca debemos olvidar que la base en que la predicación poderosa surge es la propia vida del predicador.

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 2Timoteo 4:1-2
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La Vida del Predicador: Fiel a Dios
EL HOMBRE QUE PREDICA
Así pues, considerémonos primero este asunto de las fallas en la predicación, en los términos del hombre que predica. Al principio, quiero establecer un principio patente de la Escritura, y luego lo aplicaré en varias áreas específicas. 
El principio es éste: 
Para que no degrademos la predicación al mero arte de la elocuencia, nunca debemos olvidar que la base en que la predicación poderosa surge es la propia vida del predicador. 
Eso es lo que distingue la predicación de cualquier otro arte de la comunicación. Por ejemplo, una actriz famosa puede destacarse por su inmoralidad escandalosa, viviendo como una ramera común. Y aún así, ella puede entrar al teatro cada miércoles a las 20:00 hrs, y actuar en el papel de Juana de Arco de una manera tal, que llevara a toda a la audiencia hasta las lágrimas. La manera en que ella vive no tendrá relación directa con el desempeño de su papel profesional. 
Un protagonista, igualmente libertino en su vida personal, puede presentarse en el mismo teatro y actuar el papel de Martín Lutero de una manera tal, que escalofríos recorrieran nuestra espina dorsal, y saliéramos determinados a ser mejores hombres y mejores predicadores. Sin embargo, otra vez, puede no haber una relación directa entre la conducta del actor antes de subir al escenario, y su actuación subsecuente.

Se admite pronto que las Escrituras enseñan que hay tiempos cuando aparecen hombres bien dotados para el ministerio, pero que están desprovistos de la gracia salvadora (vea Mat. 7:21–23). 

La historia de la iglesia también relata los hechos de hombres que fueron usados en la soberanía de Dios, en el desempeño de dones ministeriales, y al fin manifestaron que estaban desprovistos de gracia santificante. 

No obstante, yo creo que este problema particular de engaño se encontrará principalmente en aquellos ministerios donde los ministros no moran entre sus oyentes el tiempo suficiente para afectar su ministerio por el bien o el mal de su vida personal. Por lo tanto, limitando este principio al contexto de la predicación del pastor, yo creo que es una regla válida (con algunas pocas excepciones), que la predicación poderosa está arraigada en la tierra de la vida del predicador. 

Se ha dicho que ‘la vida del ministro es la vida de su ministerio.’ Si la predicación es la comunicación de la verdad a través de instrumentos humanos, entonces la verdad así comunicada se puede aumentar o disminuir en su poder para efectuar cambios espirituales, por la vida que la transmite. 

El secreto del poder de la predicación de Whitefield, McCheyne y de otros hombres que ya he mencionado se encuentra principalmente, no en el contenido de sus sermones o en la manera en que ellos lo predicaban; más bien, la clave se encontraba en sus vidas. Sus vidas estaban llenas de poder y vivían en tal comunión con Dios, que la verdad llegó a ser un principio viviente porque fue transmitida por tales vasos. Sus vidas ungidas fueron la tierra donde creció su ministerio igual. 

Este principio es particularmente válido en la vida del pastor residente. Entre más que ustedes y yo seamos conocidos por nuestra gente, nuestra influencia crecerá o disminuirá de acuerdo con el tenor de nuestras vidas.

A fin de ilustrar este principio con la Palabra de Dios, permítame presentar varios pasajes para su consideración, no a la manera de una exposición detallada, sino entendiendo la idea predominante de cada pasaje. 

Escribiendo a la iglesia de Tesalónica, la cual él tuvo el privilegio de fundar a través de su ministerio entre ellos, Pablo dice:
Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros” (1 Tes. 1:4–5). 

El establece una relación directa entre el evangelio viniendo en poder, y en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, con la clase de hombre que lo predicaba. Encontramos la misma enseñanza presentada en el capítulo dos de la misma carta, donde Pablo dice en el versículo diez: “Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes.” 

Luego en el versículo trece, él dice: “Por lo cual, también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.” Hay una relación vital entre estas dos cosas. Por un lado él dice, “Ustedes saben cómo nos comportamos,” y por el otro, “Nosotros sabemos cómo recibieron la palabra.” Estas dos cosas no pueden divorciarse. 

Pablo y sus compañeros se presentaron como modelos vivos del poder de la Palabra de Dios incorporado en sus conducta y de este modo, cuando predicaron la Palabra, ésta vino con autoridad a sus oyentes. Fíjese que el apóstol no está renuente de usar su testimonio vivo como una prueba de la validez de su ministerio de predicación.

En Tito capítulo dos hay instrucciones detalladas sobre lo que él debería predicar y enseñar. Pablo le mandaba en el versículo siete, “Presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras.” En otras palabras, como ministros de Dios, no solamente hemos de proclamar la sana doctrina por precepto, sino que debemos encarnar esta misma doctrina por la sana conducta. Luego también, hay el pasaje clásico de 1 Tim. 4:16: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello; pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.” 

En otras palabras Pablo está diciendo, “Timoteo, el descuido de tu propia vida personal resultará en alguna medida, en el mal desempeño de tu responsabilidad para con las almas, con las cuales el Espíritu Santo te ha encargado como pastor. Fallar en tener cuidado de ti mismo, en alguna medida resultará en fallas para ver el propósito salvador de Dios, forjándose en el corazón de aquellos a quienes tú ministras.” 

Hago estos comentarios como uno que cree sin reservas en la postura de Pablo tocante a la inmutabilidad del consejo de Dios y la certeza de la salvación de todos sus elegidos. No obstante, no debemos quitar de este pasaje en 1 Timoteo las obvias implicaciones: que Timoteo no podría ser el instrumento de Dios que él debería ser, a menos que tuviera cuidado de sí mismo y luego de su enseñanza.

Es interesante que en consideración de los requisitos para el pastorado, se señala en 1 Timoteo 3:1 y en Tito 1:6, que el primer requisito para todo aquel que aspira al ministerio no es doctrinal, sino experimental. “Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea …” ¿Y cuál es la primera palabra?—“Irreprensible”. 

El aspirante debe ser un hombre conocido por su piedad constante y práctica. En el pasaje que se encuentra en Tito, la última parte habla de uno de los requisitos como “retenedor de la Palabra fiel” (vers. 9). No obstante, el primer requisito señalado se encuentra en la esfera de la vida del ministro. ¿Porqué? Por la mera razón de que Pablo vivía y ministraba con esta misma convicción, que la vida del ministro era la vida misma del ministerio.

Yo creo que estos pasajes son suficientes para enunciar el principio, aunque muchos más se podrían citar para establecer este punto en particular. No me sorprende que la predicación haya caído en días malos cuando las prioridades para esta obra ministerial se han echado a un lado. 

En los concilios de ordenación, los hombres son interrogados por horas en minuciosos puntos teológicos con el intento de descubrir sus habilidades para refutar herejías, mientras que rara vez alguno es cuestionado en relación con sus avances en la piedad personal y familiar, factores que el apóstol Pablo colocó en primer lugar en la lista de requisitos para el ministerio.


¿CUAN FIEL ERES A DIOS?

Lectura: Apoc. 2:10
Introducción: 
Quiero compartir de un tema que el Señor ha impartido a mi corazón. Todos los que le han recibido y conocido como Salvador personal deben reconocer la importancia de ser fiel a Dios. Aquellos que no lo han conocido esperan de los cristianos la manifestación de lo que es ser fiel a Dios y a su Palabra. Mas ahora vuelvo a preguntarte ¿cuan fiel eres a Dios? Ser fiel a Dios implica reconocerlo en todo nuestro diario vivir sin importar las consecuencias. Ser fiel a Dios implica guardar sus mandamientos como hijos que somos.

I. ¿Que significa la palabra fiel?
a. en griego – “pistos” – confianza, seguro, verdad su raíz – “peitho” convencer por argumento (cierto o falso)
- pacificar a alguien por medio de un análisis
- tener confianza, asegurar
b. en el diccionario – que guarda fe
- exacto
- conforme a la verdad
- cristiano que Obedece
- que cumple exactamente con el uso a que se destino

II. ¿A que fuiste destinado tu?
a. como cristiano que reconociste a Jesús como Salvador personal fuiste destinado a: Isa. 61:1-2

  1. 1. predicar buenas nuevas a los abatidos
  2. 2. a vendar a los quebrantados de corazón
  3. 3. a dar libertad a los cautivos
  4. 4. dar libertad a los presos del enemigo
  5. 5. proclamar el año del Señor y el día de su venganza
  6. 6. consolar a los enlutados
b. fuiste destinado a obedecer; en otras palabras a cumplir la voluntad de quien manda
c. fuiste destinado a ser fiel a Dios y a su Palabra; por cuanto hay una recompensa que te aguarda
1. Apoc. 2:10

III. ¿Cuan fiel soy a Dios?
a. recuerda que tu fidelidad se mide en base a nuestra confianza, seguridad, exactitud y Obediencia a Dios
b. analiza las siguientes preguntas y responde en tu corazón al Señor cuan fiel le eres.:
1. en tu vida de oración
a. Mat. 26:41
b. 1 Tes. 5:17
2. en tu lectura, meditación y escudriñar de la Palabra de Dios
a. Josué 1:8
b. Hageo 1:5-7
c. Jn. 5:39
d. Hechos 17:11
3. en tu servicio al Señor en completa integridad y no por gloria de hombre o por obligación
a. Josue 24:15
b. Mat. 4:10
c. Luc. 16:13
d. Heb. 12:28-29
4. en tus responsabilidades financieras
a. Rom. 13:7-8
b. Mal. 3:8-12
c. 2 Cor. 9:6-12
5. en tu obediencia a Dios, su palabra y tus 
superiores
a. Rom. 13:1-5
b. Deut. 28:1-2
c. Heb. 10:25
6. en tus responsabilidades como creyente
a. Col. 3:18 (casadas)
b. Col. 3:19 (maridos)
c. Col. 3:20 (hijos)
d. Col. 3:21 (padres)

Conclusión: 
El producto o el fruto de lo que hoy tu vida esta experimentando es el resultado o la cosecha de lo que tu has sembrado en cuanto a tu fidelidad a Dios. No puedes preguntarte por que estoy atravesando esta crisis. Recuerda que no es Dios el que te ha sido infiel (2 Tim. 2:13) Por tanto ¿quién es el infiel? Reconoce tu condición y necesidad

viernes, 18 de marzo de 2016

El método impresionista toma lo que el ojo ve y lo interpreta, lo exagera, ignora algunas partes, y al final lo distorsiona.

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la Palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 2Timoteo 4:1-2

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Predicar impresionistamente

LA PREDICACIÓN IMPRESIONISTA

Alrededor de 1850, el estilo artístico dominante del momento era el realismo. Fue un movimiento que pre- tendía representar —lo más fielmente posible— lo que el artista había visto. Claude Monet y Pierre-August Renoir fueron dos jóvenes estudiantes entrenados en el realismo. Se habían hecho amigos y comenzaron a pintar juntos, junto con varios otros. Esta generación más joven tendía a usar colores más brillantes que los usados por sus instructores realistas, y favorecía obras de la vida contemporánea sobre escenas históricas o mitológicas, dejando también atrás conscientemente el romanticismo de las generaciones anteriores.

El punto de inflexión que ayudó a estos jóvenes pintores a iniciar su autoidentificación como grupo llegó en el Salon de Paris (Exhibición de París) de 1863, una competición de arte. Tantas de sus obras fueron rechazadas por los jueces que más tarde se celebró un evento alternativo: el Salon des Refusés (Exhibición de los re- chazados).

 Durante los diez años siguientes, los jóvenes artistas solicitaron tener eventos alternativos para sus nuevos estilos de pintura, pero fueron sistemáticamente rechazados.

En 1873, Monet, Renoir, y varios otros formaron una cooperativa anónima de artistas para mostrar su trabajo de forma independiente. 

La primera exhibición pública de este nuevo grupo se produjo en abril de 1874 en París. Los estilos habían cambiado aun más. Renoir había empezado a experimentar alterando la realidad de lo que veía (un alejamiento distinto del realismo). Monet había empezado a pintar con pinceladas más sueltas. 

Esto daba una forma general de lo que veía en lugar de una imagen precisa, lo cual era todavía la preferencia de la generación anterior. Por ejemplo, su Impresión, sol naciente captura el puerto de Le Havre a la salida del sol. Reconociendo que no era una vista realista del puerto, agregó la palabra “impresión” al título cuando se le preguntó por el nombre de la obra. Este título fue utilizado después por un crítico para ridiculizar a estos artistas, llamándolos los “impresionistas”.

Una de las innovaciones más atrevidas del grupo fue su uso de la luz. Por ejemplo, el Baile en el Moulin de la Galette de Renoir (1876) representa una fiesta en un jardín con un baile en el barrio parisino de Montmartre. En el cuadro, Renoir pinta con blanco en el suelo o encima de una chaqueta azul para indicar que el sol brillaba allí. La alteración de la luz comienza a exagerar los detalles y a distorsionar lo que en realidad veía el artista.

El método impresionista toma lo que el ojo ve y lo interpreta, lo exagera, ignora algunas partes, y al final lo distorsiona.

Ahora, piensa en lo que haces cuando te sientas a preparar un sermón. Abres tu Biblia. No tienes mucho tiempo. Es probable que tengas una reunión o dos esta noche. Es posible que tengas que guiar a alguna familia o a alguien del personal. Ciertamente tienes las manos llenas de trabajo pastoral. 

Sin embargo, tienes que decir algo el domingo. Así que empiezas a leer tu texto y a anotar cosas en tu ordenador, al igual que un artista interactúa con un lienzo; trazando conexiones rápidas, llenas de color entre la Palabra y lo que sabes del mundo.

Buscas cosas que sabes que tendrán una impresión inmediata sobre tus oyentes. Empiezas a disfrutar de esta diversión momentánea. No es un trabajo difícil. Pronto surge una idea principal. Contextualizas bien, ya que, al igual que tu congregación del domingo, no te apasionan mucho las cosas históricas. De hecho, tienes este trabajo, en parte, porque fueron impresionados por lo bien que produces mensajes que llaman la atención, desde el antiguo realismo de las escenas bíblicas, que de otra manera serían inaccesibles. Un estudio detallado del texto puede esperar.

El mensaje de esta semana —al igual que el de la semana pasada— se concentrará en las impresiones relevantes que saques del pasaje. Las aplicaciones parecen emerger como rayos de luz para que puedas esparcirlos sobre la congregación a todo color. Miras tu iPhone para ver la hora. Has estado trabajando por quince minutos.

  Esta es la predicación impresionista.

Sucede a menudo. De hecho, puede ser el problema más importante que enfrentan los predicadores hoy. La predicación impresionista no es controlada por la realidad del texto. Ignora los contornos históricos, literarios y teológicos del texto. Pasa rozando —en cuestión de minutos— muchas de las herramientas exegéticas que requieren tiempo. Mientras que el pintor realista podría mirar a su objeto diez veces antes de dar una pincelada, el impresionista mira su texto una vez y da diez pinceladas en el lienzo de la experiencia humana.

Así es, también, el predicador impresionista.

No hay duda de que la predicación impresionista es más fácil y rápida. Tiene más sentido, dada tu apretada agenda. Pero necesitas saber que, al final, estás haciendo lo que te da la gana con el texto.

Veamos un ejemplo. Imagina que tienes que preparar un mensaje para tu clase de “padres jóvenes”. De- cides hablar acerca de 1 Samuel 2:12-21. Tómate el tiempo para leerlo ahora:

  Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían co- nocimiento de Jehová. Y era costumbre de los sacer- dotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. 

De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza.

 Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová. Y el joven Samuel ministraba en la presencia   de Jehová, vestido de un efod de lino. Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado. Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa. Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.

En tu primera lectura del texto, hay tres cosas que des- tacan:

1. El texto te presenta dos grupos de padres e hijos: Elí y sus hijos sin valor, y Ana y su pequeño Samuel, quien sirve a Dios.

2. Estás impresionado con el contraste entre ellos. La historia de Elí es como un manual sobre la mala crianza, mientras que los patrones de Ana obtienen mejores resultados.

3. Llegas a dos puntos rápidos para tu mensaje. 
  • En primer lugar, los padres malos permiten a sus hijos comer demasiado, mientras que los padres buenos no lo hacen. ¡Qué repulsivo era para los hijos de Elí atiborrarse de ofrendas de sacrificio! 
  • En segundo lugar, los malos padres no aprovechan el entorno de la iglesia para animar a sus hijos hacia la piedad, mientras que los buenos padres siempre están presentes   y disponibles. ¡Qué maravilloso era para Ana tener a Samuel en la iglesia, siempre que las puertas estuvieran abiertas!

Ya está. Tienes tu guion. Lo más importante, sabes que tu charla va a resonar en los padres jóvenes de tu congregación. Después de todo, las noticias en tu ciudad están informando sobre el problema del acondicionamiento físico entre los niños locales y la legislación inminente para abordarlo. No te costará mucho contextualizar principios similares que apliquen a su bienestar espiritual también.

Das tu charla. Lo siguiente que descubres es que se van a poner en marcha nuevos programas de niños a partir de este sermón. Se planifican retiros de fin de se- mana dedicados a cómo ser buenos padres. Es genial, porque la gente está hablando acerca de la crianza cristiana.

Esta clase de predicación impresionista está haciendo crecer iglesias. No es de extrañar que no pasemos tiempo trabajando en los sermones. No hace falta. Podemos hacer esto rápidamente y funciona. Es predicación casi improvisada.

Una vez más, entonces, perdemos la riqueza de la Palabra de Dios. Perdemos de vista el mensaje principal del texto. Si lo leemos un par de veces más, podemos darnos cuenta de que la principal preocupación de 1 Samuel 2:12-21 no es la crianza en absoluto. Es la santidad de Dios. 

Así es, el pasaje es acerca de Dios y de cómo el mal liderazgo del pueblo de Dios es una burla de Dios mismo. El problema en el texto es que Dios no está siendo adorado apropiadamente. Y si seguimos cavando en el libro, nos daremos cuenta de que hay un tema de reemplazo aquí dentro de la familia de Dios. 

El texto presenta a Samuel precisamente en este punto, porque es la alternativa a los hijos de Elí para dirigir la adoración a Dios, de acuerdo con la Palabra de Dios. Dios no puede hacer su obra porque su Palabra ha sido destruida. Aun así, cuando la situación parece no tener solución, Dios levanta a otro hombre y sacerdote para liderar.

¿Significa esto que no podemos predicar acerca de la educación de los hijos a partir de este texto? No necesariamente. Pero sí significa que no debemos perder el mensaje principal del pasaje. Las posibles aplicaciones nunca deben eclipsar el mensaje principal del texto. Aunque podemos decir cosas ciertas basadas en este texto de la Biblia acerca de la crianza, deberíamos hacerlo de una manera que se someta respetuosamente al énfasis del texto. 

Esta es la diferencia. Este es el reto. Leemos estas historias y terminamos perdiendo lo que el Espíritu está enfatizando, mientras que reducimos la Palabra de Dios a nada más que principios para vivir piadosamente. En el ejemplo de 1 Samuel, terminamos omitiendo por completo a Cristo como el reemplazo de un sacerdocio fracasado. Perdimos a Jesús por el impresionismo. Y en su lugar tenemos padres que están más comprometidos con el moralismo que con el mensaje cristiano.

Es importante indicar que la predicación impresionista no es el problema. Es un resultado natural de la adhesión ciega a la contextualización y de cómo tal adhesión monopoliza nuestro tiempo. Necesitamos recordar la convicción que controló a Charles Simeon en el estudio: sacar de la Escritura lo que está allí. 

Es fácil dejar que un enfoque impresionista domine tu estudio y preparación para la predicación. Especialmente, si eres intrínsecamente cool —a la moda—, o estás intentando serlo, este enfoque puede convertirse en la cocaína que esnifas en privado. 

Y si has tenido un poco de éxito así, puede que empieces a creer que eres un expositor. 

El Predicador debe dedicarse por completo a las Escrituras

Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la Palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 2Timoteo 4:1-2
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El Predicador y su vida espiritual


              EL PREDICADOR DEBE ESTAR DEDICADO A LAS ESCRITURAS

Considere otra vez las palabras de Pablo a Timoteo: 
"Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido". 

Desde la niñez, Timoteo había estado bajo la enseñanza de los profetas del Antiguo Testamento, del gran apóstol Pablo y de mujeres piadosas como Loida y Eunice (2 Tim. 1:5). Pablo lo insta a continuar en lo que había aprendido y se había afirmado.
   
Sea joven o anciano, la perseverancia y la obediencia requieren disciplina.

El predicador  debe leer la Palabra de Dios en privado
"Ocúpate en la lectura" (1 Tim. 4:13). 
Esta es una de las áreas más des­ cuidadas en la vida del ministro. ¡El diablo se encarga de eso! Él sabe que si puede distraernos o desviarnos de esta cita diaria con nuestro Señor, las consecuencias serán derrota, desesperación y desastre.

Después de años de experiencia cristiana, el consagrado Jorge Müller confesó: 
"Vi con más claridad que nunca que el principal y gran negocio que yo debía atender cada día era hacer que mi alma fuese feliz en el Señor. 

Mi primera preocupación no era cuánto podía yo servir al Señor... sino cómo podía lograr que mi alma entrara en un estado de felicidad, y cómo mi [vida] interior podía ser alimentada". 

El señor Müller llegó a darse cuenta de que su negocio, cada día, era meditar en la Palabra de Dios, buscando, por decirlo así, en cada versículo alimento para su alma. Él supo el significado de la declaración del Señor Jesús: 

"No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mat. 4:4).

Sin este sustento celestial, es imposible que el predicador sirva victoriosamente en un mundo dominado por el mal. Ciertamente esa fue la preocupación del .apóstol por Timoteo. Pablo le recuerda a su colega que todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución y que los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados" (vv. 12-13).

La lectura privada y devocional de la Palabra de Dios debe realizarse en un momento y en un lugar diferentes al de nuestros hábitos disciplina­ nos de estudio y preparación del sermón. La actitud personal y la necesidad espiritual deben concordar con el grito interior del salmista: "Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo" (Sal. 42:2).

El siguiente procedimiento puede ser de mucha ayuda para algunos:

Espere 
- Samuel Chadwick hizo la siguiente advertencia: "la prisa es la muerte de la Oración", y así es. 
Unos pocos minutos en apacible espera en Dios  producirán mucho más provecho que un período más largo con el ojo puesto en el reloj. 

Espere en Dios: para sentir su presencia, buscar su propósito, y percibir el poder de Dios en su vida.

Lea 
- En este momento, reverentemente abra la Biblia y lea la porción del día; con esto queremos decir, toda la porción para el día. 

Debe observar un sistema y una secuencia. 

El valor de leer la Palabra de Dios a menudo se pierde con el método de "búsqueda por suerte" Por tanto, planee su lectura pasaje por pasaje, o capítulo por capítulo. 

Recuerde que una corta porción bien leída es mejor que un recorrido superficial de uno o más capítulos.

Piense 
-Después de leer la porción varias veces (de manera extensa, cuida­dosa y luego, meditada) hágase estas preguntas personales: 
  1. ¿Hay alguna pro­mesa que reclamar? 
  2. ¿alguna lección que aprender? 
  3. ¿una bendición que disfru­tar? 
  4. ¿un mandato que obedecer? 
  5. ¿algún pecado que evitar? 
  6. ¿una nueva revela­ción de Dios en Cristo, o el Espíritu Santo? 
  7. ¿un nuevo pensamiento acerca del diablo? 
  8. ¿Cuál es el pensamiento de hoy? 
Tal reflexión entregada a la oración bajo el control del Espíritu Santo nunca fallará en revelar una palabra del Señor.

Escriba 
- Los psicólogos dicen que no hay impresión sin expresión; y recíprocamente, no hay expresión sin impresión. 

Por tanto, es provechoso probar y confirmar sobre el papel las impresiones que Dios nos da. ¡Tal práctica nunca debe pasar a ser la preparación de un sermón o un ensayo! Tal cosa robaría a la meditación  su verdadero  reto y propósito. 

Lo que sugerimos es que usted registre brevemente los pensamientos descubiertos, en forma devocional, para la apropiación personal y la aplicación práctica.

Ore 
-Ahora convierta la meditación en oración, y ore a Dios hasta que su voluntad se haya ajustado a la voluntad de Dios en términos de todo lo que el Espíritu Santo nuevamente le haya revelado. 

En este punto usted habrá abierto el cielo a toda dimensión de la oración, pues Jesús dijo: "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho" (Juan 15:7).

 El apóstol Pablo descifra las dimensiones de la oración al enumerar cuatro de las siete diferentes palabras griegas usadas para la oración en el Nuevo Testamento: 
  1. rogativas, 
  2. oraciones, 
  3. intercesiones y 
  4. acciones de gracias" (1 Tim. 2:1). 
Oración confesional o "rogativas" lleva la idea de deseo o necesidad; en oración, confesamos a Dios nuestros deseos y necesidades. Después está la oración de consagración. 

"Oraciones" es la palabra más general para la oración, pero se usa exclusivamente para nuestra comunicación con Dios; por tanto, hace énfasis en lo sagrado de la oración y en la necesidad de reverencia y adoración en nuestras devociones. 

Sigue la oración conversacional: "intercesiones." Aunque está traducida como "petición'' (oración, 1Tim. 4:5), su significado básico es "reunirse con para conversar" (W. E. Vine). 

¿Con qué frecuencia tomamos tiempo para "conversar" con nuestro Padre Celestial? 

Finalmente, está la oración de celebración: "acciones de gracias". Esta es una dimensión de la oración que nunca debiera faltar en nuestro trato con Dios. La acción de gracias no debería meramente dar término a una "oración egoísta''. La acción de gracias debería ser la actividad normal de un corazón agradecido y adorador.

El arzobispo Trench nos recuerda que este es un aspecto de la oración que ha de continuar hasta la eternidad, donde será "más llena, extensa y profunda que aquí".5 Como lo hizo el Elías de antaño, debemos probar, día a día, que "la oración eficaz del justo puede mucho." (Sant. 5:16). 

Como predicador, recuerde las palabras de Jesús: "sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar" (Luc. 18:1). Si usted no está orando está desmayando.

Comparta 
- Al salir del lugar de oración, tome la resolución de compartir con alguien lo bueno de su tiempo de meditación durante el día. 

Esto puede hacerse de muchas maneras: 
  • por medio de la conversación con el pueblo de Dios, 
  • por medio del evangelismo personal, y 
  • al escribir, etc. 
No usar lo que el Señor le ha dado es simplemente adquirir conocimiento que envanece (1 Cor. 8:1). Como se ve en el desierto, los israelitas que guardaron el maná, hallaron que había criado gusanos (Ex. 16:20).

Hemos visto que crecer "a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Ef 4:13) es una disciplina devocional diaria. Por tanto, como el siervo de Jehová (el Señor Jesús mismo), debemos poder decir: "Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás" (Isa. 50:4-5; ver también Mar. 1:35). 

Jesús nunca faltó a su tiempo devocional. ¿Nos arriesgamos nosotros a hacer menos? Se calcula que el pastor promedio pasa menos de diez minutos cada día en esta disciplina devocional.  ¡Que Dios tenga misericordia de nosotros!

El llamamiento de Pablo a la permanencia en la Palabra debe hermanar­se con la obediencia a la Palabra de Dios. Pablo acentúa que las Sagradas Escrituras nos hacen sabios "para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús" (v. 15). 

La Escritura solamente obra en la vida cuando se une con la obediencia de la fe. El escritor a los Hebreos habla de los que nunca entran plenamente en la bendición del pacto de Dios porque la Palabra no estaba "acompañada de fe" (Heb. 4:2). 

No hay sustituto para la fe-obediencia. Jesús lo aclaró muy bien cuando expresó: "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuen­ta" (Juan 7:17). 

Y el apóstol Santiago manda con claridad: "Pero sed hace­dores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mis­mos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 

Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no sien­do oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace" (Sant. 1:22-25). 

Usted observará que la bendición sigue a la obe­diencia. ¡Qué ciertas son las palabras de John Sammis!

   Obedecer, y confiar en Jesús,
   Es la regla marcada para andar en la luz.